martes, 18 de julio de 2017

Natural

Pasas una vez cada cien libros y te quedas para siempre. Al igual que tú, no puedo salir de tu piel. He bailado el ruido de cada uno de los pasos que diste para cruzar de tu autobús al mío. He tratado de escribir nuestros últimos abrazos en Cibeles para erigirlos memoria histórica, y he fallado. Me tiembla la yema de los dedos si comparto el suelo contigo demasiado tiempo, actúas sin saberlo borrando mis palabras, llenando de negro todas las hojas en blanco, relegando el pensamiento a un papel secundario, mudo, sepia. Me haces sentir. Una variedad tan exquisita de sabores de cuerpo y mente que terminas por ser gravitatoria. Perturbas el equilibrio, curvas el tiempo. Hay una mirada tuya que empedrece ejércitos, revuelve el mar, desata las sonrisas y libera aromas. Luego, yo puedo tomarme el mundo de otra manera, con hielo, sin azúcar. Cruzo los brazos por tu cuello, me pego a ti, te miro, sonrío, me preguntas que pasa, te beso.

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