martes, 16 de mayo de 2017

Monstruo

Te creo, no existes.
Insisto en tu cabeza y te reflejo desproporcionada
en la de estos extraños.

Te descompongo como flor del mal en recuerdos
y te reconstruyo cadavérica a tu imagen y semejanza.

Como Víctor,
te desato en esta sala
y después de devorar las felices facciones de mi cara
te restituyes con vida propia.

Como Fausto,
te veo tan bella como el mismo instante detenido
y paso el resto de mi día intentando encontrar un Mefistófeles
que quiera jugar conmigo a hacer la vida.

Ahora todos te conocen.

Tienes un sabor amargo en los rostros secos
de la gente que te escucha y que no puede llorar
porque otro monstruo ya se ha bebido sus lágrimas.

Tienes el poder del rumor,
la resistencia de las cosas que no existen,
la trascendencia de aquello que muere antes de tiempo.

Y con todo, eres débil.
Un mustio miembro del corpus de los poemas desmerecidos.
La tercera réplica de una caricia en mi epicentro.

Y con todo,
yo soy tu república, tu creador
y te proceso tanto amor que ante tu ausencia
solo puedo sentir una cosa:

miedo.


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