martes, 21 de marzo de 2017

O.D.A. (Aleatorio bar 26/04/2017)

La primera vez que oí su voz borracha
fue como la primera vez que oí su voz,
con esas notas acrílicas en las vocales
y esa caricia metálica de la lengua
eyectada directamente hacia el cielo.

La primera vez que oí su voz, supe que nunca jamás
se dejaría de oír en mi cabeza:
"iré a despertarte por la mañana, cosa",
o, como siempre, "qué piensas".
Qué piensas cuando miras el techo de esa forma.
Qué piensas cuando me abrazas y lloras.

Su voz...
era el instrumento más bonito jamás soplado en mi cabeza,
su voz era masticarla recién levantada y viajar en mi voz
hasta su boca para dotarla de saliva.
Convulsiono cuando tus frecuencias se dibujan
en mis retinas,
me coso los párpados cuando te sugieres abstracta, tuya,
a través del amplificador de papel de mi bolsillo.

Es tu voz absenta pura y magia,
trance robótico, circuito eléctrico de ropa y pelo,
espejo del olor de tu cintura, carboncillo de todo tu bienpensar,
jarra de cerveza fría y constelación de abrazos
muerta en vida en el espacio.

La última vez que oí su voz borracha,
supe que era la primera vez que precedía a la nada,
inventé sus vocales acrílicas y me rendí
en el paladar debajo de su lengua
incapaz de volver a tocar su cielo.

Oigo voces, oigo voces,
y antes de todas siempre está la suya.

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