viernes, 25 de noviembre de 2016

Reír

Si tus ojos girasen como espirales, no podrían atraerme más de lo que lo hacen ahora. A veces pierdo por completo ese hilo que me tiendes y busco en los reflejos de tus globos el hueco para ver el obillo que te guardas. Porque ha de haber algo en tu cabeza que se manufactura de igual modo que en la mía, y me río durante horas contigo, solo contigo, cuando explota a borbotones y hacemos lo que nadie más hace. No sé si tú también sientes que el mundo no es más que otro escenario, un poco más grande que los que acostumbras a patear, donde se puede hacer o simular cualquier cosa. Degusto cada improvisada línea y giro del guión que generamos cuando nos tenemos cerca, como si te abrazo en el andén de la línea 7 y rodamos por el suelo hasta que el público sonríe y grita rockn'roll. Porque no son más que los figurantes de una función y no tiene por qué pesar el qué dirán cuando corremos de un pasillo a otro haciendo fotos en ese cine extravagante; o cuando beso y abrazo a la máquina de autoventa que por fin se traga mi efectivo para imprimir un billete de autobús. Qué importa, si mañana serán otras caras las que nos miren, a veces guarecidas en trincheras de gafas -tangibles o no-, y otras tantas angulando sus pupilas para vernos por encima o por debajo del hombro. Nada, eso es. Y yo me siento tan solo entre la muchedumbre pero tan acompañado si estás...

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