sábado, 12 de noviembre de 2016

Es un privilegio para el mundo que lo habites

Querida amiga.

   Lamento empezar con tan descarada redundancia, pero cabe recalcar que te quiero y que eres amiga, después de tanto tiempo. Querida amiga, no olvido tus misivas, y aunque la vida nos tenga tan lejos siento tus palabras como besos cuando decías "eres la definición de la palabra amistad, porque pueden pasar años y sé que estás ahí, y cuando volvemos a hablar nada ha cambiado". A medida que crezco (porque hasta yo, que siempre fui más pequeño que tú, he terminado por crecer), voy comprendiendo que tú siempre fuiste un paso por delante de mí (y de todos) además de treinta y seis días en el calendario.

   Porque siempre te rodeó ese halo de misterio, de introspección, de lejanía, entremezclado y escondido por una sonrisa que no era sino la manifestación más primitiva de un carácter amable hasta el infinito. Hoy pasé horas pensando en qué habrás pensado todos estos años, y en cómo jamás he querido saber de ti más de lo que tú me has contado, porque te apreciaba incondicionalmente desde el minuto uno. Intuyo que, como siempre, vives complicándote la vida y saliendo de otras complicaciones. Nadie dijo que fuera fácil, y, aunque no vengo a reconocer tus méritos, de paso lo hago. Bravo. Por haber llegado donde quiera que estés que seguro que es muy alto. Por haber sido tan grande para mí que, después de tanto tiempo, consigues que fabrique reflexiones y sentimientos de los más profundos que jamás alumbraré. Por haber creído en ti misma tantísimo como para no prestar atención a si los demás también te creían. Por saber protegerte con una mano y golpear con la otra. Tú eres una capitana nata, buscavidas, de esas que no tienen tiempo para dar explicaciones pero que guardan para sí las mejores historias.

   Te recuerdo hoy como figura clave de mi temprana adolescencia, y, por tanto, de mi vida. Casi escucho el susurro de nuestras voces en las escasas e inverosímiles coincidencias espaciotemporales que hemos forzado a lo largo de los años para sacar afuera lo que llevamos por dentro. Conversaciones, detalles y gestos que se me antojan demasiado maduros para los dos chiquillos ignorantes de pueblo que somos y hemos sido. Y solo ahora que veo el mundo a mi alrededor tan adulto como aquellas nuestras viejas palabras, siento que todo adquiere un poco de lógica y que no era tan descabellado elegir caminos difíciles cuyas salidas no resultaban ni resultan aparentes. Quiero que sepas que sigo firmemente convencido de que ser bueno es la mejor opción y de que la gente como nosotros nos llevamos los mejores pedazos del pastel aunque a veces no nos demos cuenta.

   Hablar de pasteles me recuerda uno de los motivos de este texto. Porque el vigésimo segundo aniversario de tu escapada del útero materno es motivo de gozo, sin duda, pero has de saber que sigues en mi cabeza y en mi corazón y que espero que sigas mucho tiempo, para que algún día tenga sentido tenerte delante de mis ojos, mis oídos o mis manos. Y así me baje de esta retórica pedante y pseudopoética que tanto me gusta y pueda disfrutar de algo tan simple como una carcajada en directo contigo. Deseo fuertemente que puedas pasar este día y todos los demás con quienes quiera que sean los tuyos, ya los tengas cerca o lejos que es lo de menos, porque lo único y verdaderamente importante es que tengas personas que consideres "tuyas", independientemente de quienes sean y de donde estén. Deseo también que tengas la salud suficiente para poder olvidarte de que estás lo suficientemente bien como para disfrutar de esas personas y momentos.

   Por ahora me despido. Hasta la vista, sigue así si quieres seguir así y cambia si te apetece cambiar, yo me contento con que seas fiel a ti misma. Por mi parte un abrazo y un beso de entre los millones que te mereces.

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