sábado, 24 de septiembre de 2016

Piel

Siempre supe que no te irías, era demasiado bueno para ser real, para acabarse. ¿Recuerdas pasear por Montera? Me enfadé hace unos dos años porque sabía que Barcelona, de una u otra forma, sería el principio. Hoy he vuelto a romper mi promesa, hoy he vuelto a leerte. A leernos más bien. Como bien dices, soy así de egoísta. El principio sigue teniendo un sabor maravilloso, aún después de tanto tiempo.
   En qué punto estás. Eso mismo te pregunto yo. ¿Por qué tanto cambio? A veces, contigo, me siento muchísimo. Porque yo fui ese idiota de los ojos verdes que tarareaba para matar los silencios incómodos y callaba para que disfrutaras los buenos, esa persona a la que enseñar y de la que aprender. Y ahora lo sigo siendo. 
   Anularte nunca. Y no fueron momentos fáciles. Recuerdo ahorrar con cariño casi cada céntimo, cuando tu viaje no era una certeza. Recuerdo, mientras me tumbo y río sin ti, abrazarte y reír contigo cuando más difícil lo has tenido todo. Te recuerdo a mi lado, quebrando cada pedazo de mi piel, curando mis rajitas más profundas. Recuerdo despreciar a quien te ha herido, los desprecio. Yo soy así. Sigo siendo el mismo. El que escribía, leía, bebía, reía, dormía y se levantaba contigo. Mi memoria táctil sigue siendo capaz de dibujarte a mi lado, brazo derecho bajo tu cuello, brazo izquierdo sobre tu vientre. Apartar tu molesto pelo, besar el vello de tu cuello y recordar la sonrisa que imaginaba en tu boca por tu forma de exhalar el aire sobre la almohada.
   ¿Hasta qué punto he sido importante? Siempre dices que lo soy, que me echas de menos y ojalá supiera cuanto. Porque nos entendemos. Y no creo que sea culpa tuya, quizá de nadie en último término. Enamorarse es algo agotador, y por eso no me enamoro salvo contigo, con quién si no merece la pena. Porque siempre tienes que ponerlo todo tan difícil, y ser tan terca, y pensar que ser tozuda es algo bueno, cuando hasta la misma palabra es horrenda. Nunca dejaré de querer esa faceta tuya, por eso me duele que sufras y no pueda ayudarte. Y estoy harto de solucionar las cosas escribiendo. No escribo para ti, y menos ahora. No quiero recordarte que eres mi persona favorita y que vivíamos en una burbuja que yo de vez en cuando sigo soplando, tan grande que se hace ahora... Si lo hago es porque me desestabilizas hasta tal punto que tengo que ordenarlo todo, y recordarme quien soy y quien eres para no hacer las cosas a tu manera. Siento que soy una gran persona en tu vida, un episodio único, sin principio, sin final, sin moraleja. Siento que fui, que soy, que eres. Lloré tanto la última noche precisamente porque tu no llorabas, porque te ibas y necesitabas irte. Porque me sabía el afortunado que te escribiría cuando allí todavía estuvieras buscando tu sitio, y el primero que rodaría cada metro de los 1.200 kilómetros para que le enseñaras los nuevos retales de ti misma. Para poder estar pintado en ellos, aunque dolieran.
   No tengo ni la menor idea de lo que esperas o quieres de mí, pero cada vez tengo más claro que siempre que pueda te lo daré. Porque yo quiero ser un fuego que pueda darte calor, un pequeño oasis bajo el sol. Porque puedo hablarte y escribirte así, como tú quieres que lo haga. 
   Créeme, yo también te echo de menos, hasta doler. Echo de menos a tu yo más curiosa y pequeña. A aquella que venía a hurtadillas a escucharme porque creía en mí. Quizá esto te suene exagerado, pero me hace muy feliz que creas en mí. Desde hace ya mucho tiempo piensas que yo podría tener algo que decir y antes simplemente te sentabas a escuchar, a hacer preguntas, a darme la razón o quitármela cuando era tuya. Y tenías miedo pero aún así te merecía la pena sonreír y luchar, porque supongo que estar conmigo era una recompensa extraña, rara, que sigue reverberando ahora.
   Me acabaré yendo lejos, como te prometí. A día de hoy entiendo lo mal que te lo tomaste, pero tal como han salido las cosas, cada vez tengo más claro que era la decisión acertada. No quisiera saber (pero lo sé) por qué te estoy contando todo esto. Porque siempre me preocupo por ti aún cuando menos motivos tengo y entre tantos silencios y sustos veo el lado bueno de las cosas...
   Algo que ya no está, algo que ya se ha ido. Como yo quiero irme y desaparecer y sentir que tu presencia se transforma de alguna manera. Ese momento llegará, como ha llegado casi cualquier momento que he querido que llegue en mi vida. Cuando llegue, ojalá me sigas valorando, porque lo que tú piensas, por supuesto, me es muy importante. Hasta entonces sin prisa, a tu ritmo.
   Lo que no fluye se muere. Con las personas es distinto. Las hay que duran para siempre. Y una persona es tan grande como el agujero que deja cuando se va.

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