jueves, 1 de septiembre de 2016

No tiene nombre

Y tenías que tener esos ojos, y esos aires muy tuyos como de vino y de viento. Si algún día puedo, quiero hacerte partícipe de lo que has hecho por mí. Y reír de llanto o llorar de risa al confesarte que cuatro frases tuyas cambiaron mi mundo, como hace cuatro años lo cambiaron cuatro frases de una cuarta. Casi me tiro al mar porque me dijeron que tú estarías en la otra orilla, sin siquiera esperarme a mí o a nadie.
   Soy así. Rematadamente poco y loco, luchando como cualquier otro porque pienses solo un poco sola en mí solo. Acentúa como quieras, que crezco y crezco para ti. Espero el momento en el que menos me lo espere y uno de los dos cruce el umbral de la habitación donde está el otro (o del bar) y se pueda de nuevo volver a hablar de mundos, de persecuciones, de hacerse mayor a la fuerza conservando la esencia. Quiero ver el futuro en el que te quiero, en el que recordamos juntos las coincidencias, los barcos, las olas del mar, bla bla bla, y un tropel de retórica hasta ahora sin contenido, sin sentido, que quiero dentro de años leer con ojos de sal y pensar "lo vi venir, coño que sí lo vi".
   Soy así. De imbécil. De los que piensan estas cosas pero en serio. Serio es lo último que quiero ser contigo. Cuídate todo lo que puedas y más que yo haré lo propio, para que sientas que no necesito que nadie me cuide la próxima vez que nos encontremos. Y si al final no sucede nada, esto ya ha sucedido, que no es poco. 

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