sábado, 28 de mayo de 2016

1000i

Después de una semana he decidido escribirte. Aún resuenas en mi cabeza cual réplica de un terremoto de magnitud 6. Tuvimos conversaciones profundas a paso superficial. Acordes mezzofortes sobre el piano. Igual que la sensación de tener el palpitar de tu corazón dentro de mi en aquella habitación silenciosa, oscura. Era vivir en una pecera aislada del mundo donde solo estábamos tú y yo. ‘Me gustaría ser cristal para saber qué se siente cuando la presión te rompe’ solía pensar. Ahora sé lo que se siente. Tengo mil escenas que guardar en mi memoria, mil canciones para ponerle de banda sonora a lo que podíamos haber sido, mil recuerdos que he compartido y mil que se han quedado en standby. He que confesar que solía tenerte miedo, pero me tenia más miedo a mí. Si el vidrio tuviera voz seria la mía gritando. Un grito de temor que pasa por un estado de sufrimiento hasta llegar a liberarse. A pesar de eso aún siento que podría repetir todos los estados de incredulidad, miedo, alegría, tristeza, incertidumbre, que dos semanas aislada en una pompa de bohemismo te pueden brindar. Aún no tengo muy claro si esto es un adiós o un hasta luego, Pero me alegra haberte escrito.



– por MV

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