jueves, 17 de marzo de 2016

Página 3

Mario salió a comprar el helado, como habían acordado, y ella se quedó tirada en la cama, observando Madrid cada vez que el cortinaje del balcón era movido por el viento.

Como por querer romper con una serie de clichés varios, ella decide moverse de la cama, salir al balcón y lavarse los dientes allí mismo. Se da cuenta que hace frío, ese tipo de frío que golpea más en los ojos que en la piel, pero no le presta la mayor atención. Mientras sus ojillos marrones luchan con el frío y tiene la boca llena de espuma sabor a menta, localiza a Mario en la calle allá abajo, comprando dulce de leche helado en un puestecito. Abre la boca y escupe la pasta de dientes directamente al asfalto, como queriendo llamar su atención, pero no lo consigue. Un policía de tráfico que trabajaba en el cruce, se da cuenta de la alteración del orden y pita a la chica con indignación. Esta vez Mario sí que se altera y dirige su atención al policía mientras Ana se ríe sobre el balcón, con su sonrisa impecablemente limpia.

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