domingo, 2 de agosto de 2015

EO

Ya viene, o mejor dicho, está viniendo. Hay mucha gente que no es capaz de notarlo, y otros que sí podemos. Empieza con un escalofrío que me recorre todo el espinazo, los brazos se me entumecen atravesados por un calambre... pero sobre todo lo que viene es nada, un vacío, como un agujerito por el que se va perdiendo todo en un goteo leve pero constante. Es una sangría de memorias, sensaciones, del amor y sus trozos de lana vieja. Una regresión a una etapa previa, una metamorfosis a la inversa en la que no todo se pierde. Hay elementos que ya no se pueden arrancar: son esos parches y nuevas costuras que se han adherido a nuestro ser y no tienen nada que ver con ningún otro. Aquí radica mi principal fuerza, pues solo se trata de la optimización de recursos, de una corriente resacosa entre lo que soy y lo que quiero llegar a ser contra la que tengo que luchar cada vez que despierto del sueño. Prefiero ser consciente del proceso, que se parece demasiado a la escultura de una nueva forma, y dar los retoques finales de la manera que a mí más me guste. Es el mejor momento para dejarse llevar por el azar, cuando mejor sabe cualquier pequeño suceso que previamente no encajaba en los esquemas. Así se crece, para bien o para mal, pero sobre todo para ninguna concreción. Cuesta ser partícipe del proceso hasta el punto de controlarlo, pero se tiene tanta voz como para gritar las instrucciones generales y que sea lo que tenga que ser. En realidad es lo mejor de todo esto, la indeterminación, y la diferencia entre quien acepta las casualidades o las niega, entre quien tiene la ambición de crecer y quien no. Qué sabia es la vida, que cuando no se quiere bien a la gente que nos rodea, hace que se alejen, solo para caer en los brazos de quien sí está dispuesto  a hacerlo. Hay mucha gente que no es capaz de notarlo, y otros que sí podemos. Ya viene, o mejor dicho, está viniendo.

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Cuartilla sobre el olvido, para leer de arriba a abajo o de abajo a arriba.

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