viernes, 28 de agosto de 2015

Breves instrucciones para follar

Ven, que si vienes voy a acariciarte el bolsillo, a respirar de tu pelo y pastar en tu pecho. Chocaré mi nariz con la tuya, y serás reina y yo seré rey al menos hasta que nos separemos, como se separan las tostadas calientes de las resistencias del tostador o las pegatinas húmedas de los botellines de cerveza. No será hasta que tú me lo ordenes que yo salga de ti solo para caer en tus brazos desde los míos, y así sudaremos un rato, hasta que se haga obvio que es necesario encender un cigarrillo y lleguen las observaciones sobre lo revuelto que tenemos el cabello o lo raro que se hace el mundo cuando estás desnudo y mojado. E imagina que de nuevo resurje el impulso y tenemos que volver a tumbarnos y empezar desde cero por segunda vez, que multiplicativamente hablando sigue siendo un cero en toda regla. Qué más da que haya sol o estrellas allá arriba mientras siga habiendo blando aquí abajo, y acabaré mirándote con estos ojos porque querré escribirte más tarde para que quieras volver y crear nuevos microcosmos, quizá en silencio, o con swing, sentados o de pie, en mil horas mal iguales y bien distintas. Di tú que sonríes, y llenamos la habitación de jadeos y suspiros que se funden con el humo y la humedad, que haya que abrir las ventanas para que el viento gélido se lleve un pedazo de esa mezcla y se pose sin consentimiento en nuestra ardiente piel. Por favor, ordénalo todo de tal manera que puedas quedarte a dormir después y yo te dormiré para despertar juntos, como si el hipnos lo fuera menos si eres presa de mis brazos y el sexo un poco más si eres lo primero que veo al despertar. Llora o sonríe en algún momento, en un punto cualquiera de la línea que trazo por tu espalda buscando tus cosquillas, contágiame para que se me olvide que estoy solo, probablemente más que tú, y dime de ti lo que nunca haya oído de nadie, que si tienes secretos será más fácil que te recuerde.

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