lunes, 6 de julio de 2015

Destiempo

Yo la perseguía por toda la ciudad. Empecé durmiendo en aquella cama acolchada y vieja, para días más tarde conocerla en el pasillo de aquel mismo extraño piso, en una alineación triangular extraña, de amistad, de vida y de muerte, que casualmente tuvo lugar en una intersección extraña de tres caminos donde yo elegí la (extrañísima, donde va a parar) puerta de la calle. Dormimos en la misma cama con meses de diferencia, y con vidas de diferencia. Yo y mi ineptitud de siempre, mi desesperado grito y los ansiosos chapoteos a oscuras, buscando agarrar un mundo con las manos que no terminaba de entender con la cabeza. Ella y su marea, su no saber estar, su búsqueda... ¿de qué? de la cama de al lado, de salidas por la puerta de atrás o la de delante. Dormimos también en camas distintas a la vez, con escasos metros de por medio, y mi persecución estaba ya en marcha. Y no lo sé ni a estas alturas pero me la encuentro y la busco sin saberlo, doy fe que es totalmente anoético, que la vida misma tiene una fuerza que a veces juega con nosotros. Y ella parece un fosfeno y no estoy seguro de si existe cuando se marcha tras la puerta o la ventana. Porque si las cortinas blancas la tapan y no la veo, ¿cómo estoy seguro de que realmente es? Si siempre me ha parecido tan de ensueño que me costaba creerla real cuando se resbalaba entre mis manos.
    "Todavía no me lo creo"
    Y la perseguía y la persigo, y arañé la superficie de su vida con extremo cuidado porque soy así y le gusté y yo no sabía que le gustaba, y probablemente ella tampoco. La gente nos delató. Quizá esos amigos nos abrieron un camino común, o fue el camino el que nos llevaba a andar entre la misma gente. Hablo de su microcosmos, y de como echo de menos su vida y no solo su persona. Yo inmerso en ese tipo de cosas, como si mi realización dependiese de repente de oler la almohada para encontrarme con su champú o de esperar nervioso fuera de la boca del metro. ¿Era fuera o era dentro? Eran las dos cosas, si no, no habría existido esa tendencia a acercarse el uno al otro, a olisquearnos como dos bichos raros en un cajita de zapatos. Empezaba a darme cuenta de muchas cosas que antes no percibía, no es como si hubiera tenido los ojos cerrados... es como si nunca hubiese sabido enfocar, o dirigir la mirada a lo verdaderamente importante. Cómo amaba su vida... Desde el extremo hasta el presente, acariciaba y observaba cada pedacito suyo con cautela, maravillado por la riqueza de matices y sorprendido por estar ahí, presente, de la mano, del oído, de la boca. Me duele el solo hecho de recordarlo, me duele su dolor y aún hoy... aún hoy la cogería, la mimaría, me enfrentaría a su mundo de su lado, desatendiendo por completo el mío. Por pura iniciativa, aunque ya no quedase nada mío en ella, porque es importante hasta un extremo que solo yo sé. Se volvió el bien más preciado que conozco, era un pájaro de cristal, frágil, que yo quería cada vez más pulido. Y yo era un niño que la seguía de cerca trastabillando, disfrutando cada vez que ella se posaba encima de mí.
    Y yo era un niño... que acertado. El principio del fin comenzaba a gestarse por aquella época, sin que la búsqueda mostrase señales de parar en algún momento, y todavía no las muestra. Juego con el concepto de amor, pero en realidad no lo veo nada claro. Incluso saliendo de mi boca o de mis manos no sé si alguien podría interpretarlo como yo lo siento, porque creo que habría que individualizarlo aún más, tiznarlo de eso que yo he sentido solo por ella y no sentiré por nadie porque nadie es ella. Ella está hecha de algo que a mí me gusta mucho, yo lo amo, pero acabo trascendiendo esa tendencia, olvidándome de diccionarios, de sentido común, de miles de años de verborrea cultural y buceando en su ser. A eso me refiero, a la sensación de plenitud de saberme dentro de ella, de reconocer que me pertenecen una serie de pensamientos y emociones que solo alberga y albergará por mí. Como pueden llamar a eso amor, en minúscula además. Cómo puede alguien imaginar lo que da de sí una mente tan enferma o sana como la mía en un tema tan ambiguo. Peco de alejarme demasiado de la norma, pero por nada del mundo quería ser topificado y en eso concentré todos mis esfuerzos.
    La complejidad es algo difícil de afrontar. El mejor consejo que te pueden dar es el de que no trates de no ser humano. Busca la humanidad en todo momento. Busca tu humanidad. No desesperes, no te dejes llevar por personas, actos, momentos... en definitiva órdenes externos. Cada uno tenemos millones de preguntas... pero también millones de respuestas a preguntas ajenas. Es cuestión de encontrar la combinación, lo que se reduce a buscar, y buscar es una actividad que depende por entero de uno mismo. No hay nada claro, no hay nada prefijado por antelación. La deducción es una patraña, toda la vida es una hipótesis a falsar. Cuánto más se ahonda más se vive. Más se sufre, más se disfruta, más se conoce, más se entiende. Y todas estas cosas las he aprendido en un intensivo de año y medio, casi sin querer. Abstrayendo de todo lo que el pajarito me contaba, de todo lo que había hecho y hacía. Yo practicaba la escucha activa con desastrosos resultados y solo el tiempo me ha hecho apreciar el buen sabor de todo esto. Como no me voy a sentir endeudado. Como no voy a querer regalarle mil vidas a base de caracteres, si es la única forma que se me ocurre de seguir haciéndole bien.
   Ay.

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