miércoles, 10 de junio de 2015

Ninguno

Plaza del Conde del Valle de Suchil.
Jamás voy a recordar ese nombre. Es como el significado de la palabra pusilánime, que lo tengo que buscar cada poco en el diccionario.
Pero sí recuerdo los bancos. Donde escribí y desescribí Última Canción. He limpiado el primero a patadas y me he tumbado. Sigue siendo el mejor lugar para contemplar una farola siendo tapada por las ramas de un árbol. Llovía y me he mojado. Tanta humedad me hacía sentir más cerca de la fuente de lo que en realidad estaba.
Esta vez la piedra no me ha dado ningún consejo. No le he preguntado nada, supongo, tampoco estaba como para preguntar.
Odio este intercambio de palomas. Cuando por fin tengo buenas noticias me llega este machetazo.

Ojalá esto fuera medio normal. Bueno, un poco normal. Una pizca de normal. Una persona más de normal. Que en el banco de en frente hubiera cualquier persona conocedora de constelaciones, escuchadora de conversaciones ajenas, improvisadora de planes, viajera... mojada bajo la lluvia por la noche sin más compañía que tres libros y algo de estereofonía.

Blues my naughty sweetie gives to me

"non so più quel che dico,
e quel che faccio!"


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